miércoles, 28 de septiembre de 2016

Hogsmeade Arde


POV Draco
—Draco, ¿dónde estabas? —dijo una voz detrás de mí.
Giré para encontrarme cara a cara con la persona que se dirigía a mí, aunque no era necesario porque ya sabía de quien se trataba. De nada más y nada menos que mi padre.
—Padre —dije lo más natural posible.
—¿De dónde vienes, Draco?
Sonreí.
—Pues de donde más, padre. De buscar pistas sobre la tonta hermana de Potter.
Mi padre me estudiaba con la mirada.
—¿Y ya tienes una idea de donde puede estar esa mestiza? —me preguntó.
—Fui al Ministerio, y me infiltre en la oficina del traidor a la sangre de Weasley, pero al parecer tampoco sabe nada. Es como si la mocosa hubiera desaparecido del planeta.
—No pude desaparecer de esa manera —dijo mi padre con el rostro duro.
—Estos últimos días he tenido la idea de que San Potter también se haya llevado a su hermana con él —inventé.
Mi padre pareció pensarlo. Al fin y al cabo podrían creer mi teoría. Potter nunca dejaba a su hermana sola. Bueno, solo una esa vez que me la encontré en Francia.
—Si ese maldito de Potter se llevó a su hermana con él, esto molestara mucho a los planes del Lord.
—Pues el Lord tendrá que aceptar su derrota si mi teoría es cierta.
—Hablas como si te diera gusto que al Lord le salgan mal sus planes —me recriminó.
—Yo no he dicho eso, padre. No malinterpretes mis palabras —trate de convencerlo—. Yo estoy luchando por los ideales del bando al cual pertenezco.
—Eso espero, Draco, eso espero. Porque tu lealtad debe estar siempre con el Señor Tenebroso —me advirtió.
—Se perfectamente dónde y con quien está mi lealtad, padre —declaré.
Claro que se con quién está mi lealtad, lastimosamente nuestras lealtades están con diferentes bandos, padre, pensé.
—Bien, entonces, has todos lo posible por averiguar el paradero de esa mestiza, porque si no…
—Sí, sí, padre, ya sé. Si yo cumplo perfectamente con la misión que me encomendó el Lord, la familia Malfoy volvería a ser el brazo derecho del Lord.
—Qué bueno que tengas claro que es lo que debes hacer.
Asentí.
Di media vuelta y empecé a caminar hacia mi habitación.
—¿Adónde vas, Draco?
—A mi habitación —contesté sin voltear a mirarlo—, tengo cosas que pensar —después de eso seguí con mi camino.
Entré en mi habitación y me recosté sobre mi cama.
Lo único bueno de esta mierda de guerra es que Nicole por fin es mi esposa, que aunque me desprecie —como ella dice— sé que terminará cediendo en hacer todo lo que yo le diga. Y por lo menos ahora ella y mi hijo estarán seguros, espero que el viejo y Snape no estén tramando algo donde tenga que estar involucrada Nicole, porque si no juro que ahora si mataré a Dumbledore.
Pero ahora en lo que tengo que pensar es en cómo hacer para ayudar a todos los chicos que salen de paseo a Hogsmeade este fin de semana —tan solo pensar en que yo estoy dispuesto ayudar a otros personas que no fueran mi familia me causa risa, al antiguo Draco no le hubiera importado absolutamente nada lo que le pasara a los demás, porque el que tiene complejo de héroe es Potter no yo—. Pero me sigo preguntando como hare para avisarles a los demás sobre el ataque, es obvio que no puedo enviar lechuzas a Hogwarts dando el aviso, porque son interceptadas. Y mucho menos podría enviar un Patronus porque no sé cómo conjurarlo.

POV Autora
Mientras en la casa de Severus Snape, una pelirroja miraba atenta a Dumbledore. Hasta que por fin se decidió a hablar.
—¿Cómo es eso de que Malfoy le dirá al cara de serpiente que usted está vivo, señor? No lo entiendo.
—Es complicado de explicar, señora Malfoy —contestó serenamente Dumbledore.
Nicole hizo una mueca de molestia al escuchar que la llamaban «señora Malfoy».
—Profesor, solo llámeme por mi nombre, por favor. No hace falta que me llame por ese odioso apellido —pidió la pelirroja.
Dumbledore asintió.
—Entonces, ¿por qué se casó con el señor Malfoy? —preguntó el anciano profesor.
Nikki se puso roja de rabia.
—Porque me obligo.
—¿La obligo? —cuestionó Dumbledore.
—Me dijo que si nos casábamos, mi bebé —la pelirroja puso una mano sobre su vientre—, y yo estaríamos a salvo, y que también Harry estaría a salvo, porque el estúpido cara de serpiente ha mandado a que me capturen para hacer venir a mi hermano.
Dumbledore volvió asentir.
—Y luego me trajo aquí —agregó mirando el oscuro salón.
—El señor Malfoy hizo bien en traerla aquí, este lugar es el único lugar donde estará a salvo —confirmó Dumbledore.
—Tal vez, pero aun no me ha explicado eso de que Volde…
—¡No! No digas ese nombre, Nicole —la interrumpió el anciano.
—¿Perdón? —dijo la chica.
—Ahora ese nombre se ha convertido en tabú. Y cuando alguien menciona su nombre los seguidores de él aparecen —aclaró Dumbledore.
—Pero ¿no decía que esta casa es segura? —preguntó una alarmada Nicole.
—Sí, pero no hay que arriesgarnos.
Nicole asintió, y volvió a formular la pregunta que quería hacer antes.
—Pero ¿por qué el-que-usted-sabe lo cree muerto?
—Lamento no poder darte la respuesta que quieres, Nicole. No aun.
Nicole quería replicar, pero desistió porque ahora lo que realmente importaba era que los mortífagos no llegaran a dar con ella, y así su hermano no tendría que venir a por ella.
La pelirroja y el anciano profesor se quedaron en silencio por unos minutos, hasta que Dumbledore volvió su mirada en la chica.
—Que desconsidera de mi parte —dijo Dumbledore—, seguro que quieres descansar y yo no te indicado cuál va a ser tu habitación.
—Oh, no se preocupe por eso, señor —dijo Nicole.
—Si me preocupo, porque en tu estado debes estar lo más cómoda y tranquila posible.
¿Lo más cómoda y tranquila posible?, repitió Nicole en su mente. El idiota de Malfoy me tuvo secuestrada. Y aunque no me torturo ni me hizo nada malo, me tuvo al borde de la histeria al no saber si al día siguiente seguiría con vida o no. y con todo esto de la guerra, y mi hermano, Ron y Hermione, quien sabe dónde estén, no voy a tener tranquilidad. Ah, y ahora agreguemos el bono de que soy la esposa de ese idiota de Malfoy.
Minutos después Nicole se encontraba en una habitación, no tan amplia, pero limpia y oscura como el resto de la casa que ella había podido detallar.
¿De quién será esta casa?, se preguntaba Nicole.
Suspiró, y se acostó en la cama, ya que no tenía otra cosa que hacer, porque Pinky ya había ordenado todas sus cosas en el closet.
De pronto escuchó un plop.
—Ama Malfoy —el elfo hizo una reverencia ante la pelirroja, y esta hizo otra mueca al ser llamada «Ama Malfoy»—. Pinky venía a preguntarle a la ama, si necesita algo.
¿Podrías divorciarme del estúpido oxigenado?, pensaba Nicole.
—No, no necito nada. Muchas gracias, Pinky —hizo una pausa—. Y por favor, no me llames «Ama Malfoy», solo trátame igual que siempre, nada ha cambiado.
—Pinky no puede hacer eso —dijo el elfo, apenado y temeroso—, el amo Malfoy le ordeno a Pinky que la tratara como la señora Malfoy que es, y que siempre la llamará por su nuevo apellido.
Maldito, Malfoy, pensó Nicole.
Nicole miró al elfo y se dio cuenta de que temía su reacción. Y sonrió para infundirle confianza, después de todo el elfo no tenía la culpa de nada, él solo seguía órdenes.
—Está bien, no importa —dijo Nicole—. Pero ¿me podrías decir a quien pertenece esta casa? —Pinky miró hacia abajo—. Ah, comprendo, esto también te lo ordeno Malfoy.
El elfo asintió.
—Bien, no importa.
—Pinky lo lamenta, ama Malfoy —dijo el elfo—, pero Pinky solo está aquí para cuidarla y…
—Pero no para responder mis preguntas ni sacarme del lugar donde Malfoy me tenga encerrada, ¿verdad? —dijo Nicole con cierto fastidio.
Pinky negó con la cabeza.
—Pinky si puede responder a sus preguntas, ama Malfoy, pero solo algunas —se retractró.
Malfoy eres un reverendo estúpido, pensó Nicole.
—De acuerdo, Pinky. Puedes dejarme sola, por favor.
Pinky asintió.
—Pinky vendrá más tarde para traerle la cena, ama Malfoy —dijo el elfo, y luego de hacer otra reverencia desapareció con un plop.

***

El fin de semana llego y con él también llego la salida a Hogsmeade. En Hogwarts había una fila de chicos esperando salir a pasear al pueblo y tratar de olvidar un poco la guerra, aunque sería imposible dado el caso de varios ataques a familias de hijos de muggles. Pero aun así todos estaban obligados a ir a Hogsmeade.
Una pelirroja, una rubia y un chico de cabellos oscuros estaban casi al final de la fila.
—Algo me huele mal —comentó la pelirroja.
—Los nargles han estado más inquietos de lo normal, lo que quiere decir que deberíamos quedarnos en Hogwarts —dijo la rubia, que respondía al nombre de Luna Lovegood.
Ginny y Neville se quedaron mirando a Luna, sin entender, pero eso no era novedad, siempre les pasaba lo mismo cuando la rubia mencionaba a una de esas criaturas que solo ella —y su padre— podía ver. Pero aun así, ellos estaban seguros de algo: había algo raro en todo ese paseo a Hogsmeade, y se podía sentir hasta en el aire.
—Hola —Seamus Finnigan se acercó a ellos. El chico tenía el semblante apagado.
—Hola —saludaron los tres chicos a la vez.
Seamus Finnigan siempre se había llevado bien con sus compañeros de casa, pero con el que siempre paraba era con Dean Tomas, su mejor amigo. Pero las cosas ahora habían cambiado, Dean tuvo que escapar de Hogwarts —Ginny lo había ayudado— luego de que Snape tomara el puesto de director —puesto que antes ocupaba el fallecido Dumbledore— y que junto con el nuevo cargo de Snape, se incorporaron los hermanos Carrow a Hogwarts.
—Esto es absurdo —resopló Seamus—. Quien piensa en pasear por Hogsmeade cuando la guerra puede explotar en cualquier momento.
—Shhh —dijo Neville golpeando con el codo a Seamus—, te pueden escuchar. Además, se supone que «todo está bien, y no debemos preocuparnos por nada» —Neville había repetido lo que había dicho Alecto Carrow cuando se presentó como la nueva profesora de Estudios Muggles.
Ginny hizo una mueca.
La fila avanzo, y los chicos no prestaron atención a las clásicas palabras del conserje.
—Les advierto que si a su regreso los encuentro con bombas fétidas o algunas otras bromas, le pediré permiso al director Snape para colgarlos con cadenas de las vigas del techo más alto de este colegio.
La fila siguió avanzando y cuando los cuatro los tres leones y la águila se dieron cuenta ya estaban en los carruajes directo al pueblo.
El camino en carruaje fue largo y silencioso, nadie tenía nada que comentar, salvo que hablaran sobre los ataques a muggles o familiares desaparecidos de los hijos de muggles o de los traidores a la sangre asesinados.
Minutos después los chicos bajaban de los carruajes y tuvieron a la vista el pueblo, el cual estaba cubierto de nieve, y muy silencioso, porque ni siquiera se escuchaba las voces de los demás chicos, como era costumbre en las anteriores visitas al pueblo.
—¿Y ahora que se supone que tenemos que hacer? —preguntó Ginny.
—¿Divertirnos? —dijo Luna, con la vista perdida en algún punto del pueblo.
—Y si vamos a las Tres Escobas —propuso Neville—, seguramente allí es donde se encuentran todos los demás.
Seamus asintió, y dijo:
—Será lo mejor, podríamos tomar unas cervezas de mantequilla y hacer tiempo hasta regresar a Hogwarts.
Los cuatro chicos se encaminaron a las Tres Escobas. Por el camino se veían a chicos de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflefupp, pero ningún Slytherin. Los cuatro chicos lo notaron, pero no comentaron nada, pensando que verían a las serpientes más adelante.
Siguieron caminando hasta llegar al bar, y cuando entraron vieron lo que habían notado afuera. No había ningún alumno de Slytherin dentro del bar.
Los cuatro se miraron con suspicacia.
—Algo raro está pasando, no hay ningún Slytherin, y por supuesto no es que me importe la presencia de esas serpientes —dijo Ginny.
—Y prácticamente nos obligaron a venir al pueblo —susurró Neville.
Pero aun y sabiendo que algo andaba mal, los chicos buscaron una mesa y se sentaron en ella, en silencio, pero con los sentidos alertas.
Madam Rosmerta se acercó a los chicos para saber que querían tomar —Rosmerta al igual que todos los demás no estaba tan alegre como era su costumbre, más bien todo lo contrario, ella parecía estar demacrada—. Cuando la dueña del local se fue por las cuatro cervezas de mantequilla que habían ordenado los chicos. Luna aprovecho para ir al baño.
—Ahora vuelvo —dijo la rubia.
—¿Adónde vas? —le preguntó Ginny.
—Al baño.
—No quieres que te acompañe —dijo Ginny parándose de su silla, pero la rubia la detuvo diciendo que no tardaría.
Pero la rubia no se había dado cuenta —más bien ninguno de los cuatro— de que alguien la seguía.

***

Por su parte Draco Malfoy —que ya había averiguado de que se trataría el ataque. Hogsmeade ardería— estaba camuflado con un hechizo. Él había ido al pueblo para avisar a uno de los leones de que iba a ver un ataque, pero su oportunidad llego cuando vio a la rubia dirigirse al baño.
Él camino sigilosamente hasta el baño de mujeres, se escondió en uno de los baños, hasta que escucho la puerta del baño abrirse, fue cuando el salió de su escondite. Allí, frente a él pudo ver a Luna Lovegood lavándose las manos, camino como cual serpiente y se colocó detrás de ella.
Luna se volvió rápidamente al sentir una respiración por su cuello. Pero cuando vio al hombre vestido de negro —obviamente un mortífago— dio un salto hacia atrás, golpeándose con el lavamanos.
—¿Qué…?
—¡Silencio, Lovegood! —dijo el mortífago interrumpiéndola—. Escúchame muy bien… tal vez no me creas, pero dentro de unos minutos habrá un ataque.
La rubia abrió más los ojos.
—Es por eso que no hay un solo Slytherin —dijo más para ella.
—Sí —graznó el mortífago—. Pero no hay tiempo para dar más detalles. Y te recomiendo que si quieres salvar tu vida y la de tus amiguitos, vayas ahora mismo y avísales.
Luna se le quedo mirando con fijeza al mortífago. Sin saber a Draco se le había escapado un poco de su cabello rubio platinado y Luna lo había reconocido, pero aun así quería asegurarse.
—Dime tu nombre —demandó la chica.
—¿Qué no escuchaste lo que te dije? Vete con tus amigos y los demás y pónganse a salvo.
—¡Espera!
—¡Vete, maldita sea! O será muy tarde después, te aseguro que no podrán salvarse si te sigues demorando —dijo Draco con voz fría. Y sin decir nada más, desapareció.
Luna sonrió levemente.
—Gracias, Draco Malfoy —susurró.
Y en ese preciso instante Ginny entro baño de manera violenta con la varita en alto, dispuesta a atacar a cualquiera que se atreviera a dañar a sus amigos.
—¿Qué paso? —interrogó la pelirroja mirando en todas direcciones.
Pero la rubia no contestó.
—¡Luna! —insistió Ginny acercándose a su amiga—. ¿Qué paso? ¿Por qué te demorabas tanto en el baño?
Y Luna fingiendo haber visto unas de esas criaturas que ella sola podía ver, le respondió a la pelirroja.
—Los mortífagos van atacar Hogsmeade.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó Ginny.
—Que va haber un ataque ahora mismo. Vamos, tenemos que avisarles a los demás para irnos o será muy tarde —dijo Luna tomando de la mano a Ginny para salir del baño.
Ginny se dejaba arrastrar por que la noticia le había sorprendido.
—Pero, ¿quién te lo dijo?
—Los nargles —contestó la rubia aun jalando a su amiga.
Cuando ya estaban fuera del baño de mujeres se encontraron cara a cara con Neville y Seamus, los cuales también estaban con las varitas en alto.
—¿Qué pasa? —preguntó Seamus, en alerta, igual que Neville.
—Luna dice que los mortífagos nos atacaran —contestó Ginny.
—¿Qué? Pero, ¿cómo es que lo sabes? —preguntó Neville.
—Dice que los nargles se los dijeron —volvió a responder la pelirroja, dudando un poco de cordura de su amiga.
Pero Luna se alejó de sus amigos y camino hasta el centro de bar.
—¡Atención todos, por favor! —gritó Luna.
Y todos los que estaban en el bar se volvieron para observar a la Ravenclaw.
—Espera, Luna —dijo Neville corriendo hacia ella, él no quería que la rubia alarmara a sus demás compañeros de clase solo porque a la rubia creía todo lo que esas supuestas criaturas le decían.
Pero Luna no le hizo caso, y siguió hablando.
—Tienen que salir todos del bar y si ven a alguien rondando por ahí avísenle de que Hogsmeade será atacado ahora. Así que por favor volvamos todos a Hogwarts.
Apenas la rubia termino de hablar empezó el loquerío. Todos los chicos se aglomeraban en las puertas del bar, tratando de salvar sus vidas y la de sus amigos.
—Luna, ¿por qué hiciste eso? —le preguntó Neville a rubia, pero apenas el chico termino de hablar el verdadero caos empezó cuando vieron a los mortífagos aparecer de un momento a otro—. ¡Demonios, era cierto! —exclamó el chico, mirando a la rubia con asombro.
Y sin pensarlo dos veces, los chicos se hicieron camino para salir del bar y empezar a luchar.
—¡Esperen! —dijo Luna—. Tenemos que ayudar a los más pequeños a regresar a Hogwarts.
Ginny que estaba su lado asintió.
—Nosotras nos encargaremos de eso —dijo.
—¿Pero cómo? —preguntó Neville.
—Tenemos que llevarlos a Honeydukes —dijo la pelirroja.
—Esa tienda no nos será de mucha ayuda, no podremos esconder allí a todos, Ginny —dijo Seamus.
—Un día escuche a Harry y a Ron decir que allí había un pasadizo secreto que nos llevara directo a Hogwarts —dijo la pelirroja.
—Bien. Cuidaremos sus espaldas —dijo Seamus con la varita en alto—. ¡Protego! —gritó cuando un mortífago quiso atacar a una chica de tercer año—. Dense prisa —las urgió
Las chicas trataron de calmar a los más pequeños, a la vez que lanzaban hechizos para defenderse de los mortífagos. Con mucho cuidado hicieron un grupo con los más pequeños, mientras trataban de cuidarse de los hechizos que pasaban por sus cabezas y costados.
—Hay que cruzar la calle principal para llegar a Honeydukes y evitar las maldiciones —dijo Ginny, Luna asintió—. Yo iré adelante.
—Pero, Ginny… —dijo la rubia.
—No hay de otra, Luna —dijo la pelirroja, en pose de ataque, cuando de repente un Expulso paso por su cabeza, mira al frente y se dio cuenta que quien había evitado que el ataque le diera era Michael Corner, su ex novio.
—Tienes que estar más atenta, Ginevra —dijo el Ravenclaw.
Ginny frunció el ceño.
—Gracias —dijo la chica.
Corner asintió.
—Tal vez no logremos ganar, pero por lo menos no se la dejaremos fácil —comentó Corner, mirando a su alrededor, y sí que habían bastantes mortífagos.
Ginny ya no dijo nada más, y entre ella y Luna se abrieron camino lanzando Impedomentas y otros hechizos de defensa.
La pelea entre los alumnos de los últimos cursos y los mortífagos no era equitativa ya que habían varios que están gravemente heridos, mientras que los del bando contrario no tenían ningún rasguño.
—Este será nuestro fin —dijo un chico de sexto de Hufflepupp.
—Cállate —le dijo Seamus, lanzando un Incarcerous a un mortífago—, y no te distraigas.
Mientras tanto Lucius Malfoy, el que estaba a cargo de destruir Hogsmeade con todos los chicos allí, corrió hacia donde estaban las Ginny y Luna con el grupo de chicos más pequeños y se puso delante de ellas.
—Vaya, vaya, pero que tenemos acá —siseó el rubio—. A la traidora a la sangre más buscada.
Ginny no retrocedió, al contrario, alzo la cabeza y encaró a Lucius.
—Miren a quien tenemos acá —repitió la pelirroja—, al lame botas del maldito desnarizado.
—¿Cómo te atreves a nombrar a mi señor, maldita mocosa? —siseó el mortífago—. ¡Cruc…!
—¡Expulso! —gritó Remus Lupin, lanzando a Lucius a unos cuantos metros, y evitando así que Ginny fuera agredida—. Pueden continuar, y no se preocupen que yo mismo me encargaré de que nadie más las sigan.
—Gracias, Lupin —dijo Ginny. Y al instante se pusieron en marcha nuevamente.
Y desde allí, ya fue más fácil, porque los de la Orden habían llegado, lo que quería decir que estarían a salvo.
Unos minutos después las chicas llegaron a la puerta trasera de Honeydukes, pero esta puerta estaba cerrada.
—¡Bombarda! —dijo Luna y la puerta exploto, dándoles pase a los chicos y a las dos amigas.
El camino fue largo, pero por llegaron a la entrada de la bruja tuerta, y por allí pasaron, pero no habían terminado de entrar cuando la bruja tuerta fue movida nuevamente. Luna y Ginny se pusieron en alerta pensando que los mortífagos las habían seguido, pero respiraron profundo cuando se dieron cuenta de que eran Neville y Seamus, ambos heridos, pero nada comparado con los demás chicos a quien venían ayudando.
—¿Qué ocurre? —preguntó Ginny.
—Shacklebolt nos mandó al colegio con los demás heridos —dijo Neville, tomándose del brazo herido.
—Sí, dijo que los de la Orden se encargarían de todo, y que nosotros regresáramos —contó Seamus, de pronto se escuchó unos ruidos detrás de la bruja tuerta—, deben ser los demás. Shacklebolt, el auror, dijo que nos estaría escoltando a los demás para que podamos regresar a Hogwarts.
Y así fue, ya que el otro grupo que entro era comandado por Corner, el cual tenía una gran herida en la cabeza que no dejaba de sangrar.
—Debemos llevarlos a la enfermería —dijo Luna, viendo a su compañero de casa.
—Sí, vamos —dijo Ginny.
—¿Cómo te hiciste esa herida? —le preguntó Neville a Corner.
El chico hizo una mueca de dolor.
—Trate de esquivar una bombarda que lanzo esa maldita bruja loca de Bellatrix Lestrange —contó Corner y Neville frunció el ceño al escuchar el nombre de la bruja—, pero no sirvió de mucho porque igual resulte herido. Pero eso no quedo allí, porque después esa loca empezó a lanzar varios Incendio por todos lugares, y ha causado un gran daño, a las justas logre escapar con ellos —señaló a los demás chicos.
—Maldita —susurró Neville.
Todos se encaminaron a la enfermería, pero para su mala suerte en el camino se encontraron con Snape. El cual los miró a todos con un rostro indescifrable. Y ni siquiera les preguntó que les paso, o como estaban, solo les ordeno que fueran a su oficina.
—Weasley, Lovegood, Longbottom, Finnigan, Bones y Corner, síganme.
—Pero, señor, Corner necesita ir a la enfermería así como los demás —dijo Luna.
Snape la miró de tal manera que si sus ojos hubieran sido dagas, Luna ya estaría muerta.
—He dicho que me sigan.
Y sin esperan nada más Snape dio medio vuelta y caminó directo a la antigua oficina de Dumbledore.
Cuando los seis chicos ya estuvieron dentro de la oficina del director, Snape por fin se decidió a preguntarle lo que sucedió.
—¿Cómo sino lo supiera? —dijo Ginny sin poder contenerse.
—Silencio, Weasley —siseó el nuevo director—. ¿Qué paso?
—Nos atacaron, señor… fueron los mortífagos —contestó Luna—. Yo les avise sobre el ataque, pero nos demoramos mucho en salir.
—¿Usted sabía que habría un ataque? —preguntó Snape, observando a la rubia con suspicacia.
—Sí, señor.
—¿Cómo se enteró? —siguió preguntando Snape. Algo le decía que había sido alertada de tal ataque incluso antes de que él les avisara a la Orden de dicho ataque comandado por Lucius.
—Los nargles me lo dijeron, señor —contestó la rubia con toda naturalidad.
Ginny quiso golpearse la cabeza ante tal contestación de su amiga, ya que Snape no los dejaría en paz con tal respuesta. Sí, ella quería a su amiga, pero esa respuesta era patética.
—Trata de burlarse de mí, Lovegood —gruñó Snape.
—No, señor —dijo Luna—, esa es la verdad.
—Pues si los «nargles» te dijeron sobre el ataque, por favor, Luna dime como son, tal vez y nos salven de más ataques futuros y yo quiero estar atento a ellos —comentó Seamus, empezando a creer en esos seres que ni siquiera estaba seguro que existían.
—Pues este en particular era alto y rubio —respondió Luna sin alterarse.
Snape se le quedo mirando a la rubia chica. Ahora sí que sus sospechas estaban claras.
Eres un imbécil, Draco, pensaba Snape.


martes, 27 de septiembre de 2016

Extraña Unión


POV Autora
Hermione en su desesperación de escapar, lo único que se le vino a la mente fue el bosque donde se había celebrado el mundial quidditch, según ella ese era un lugar seguro y que además tenía la ventaja de moverse libremente.
Hermione se levantó lentamente del suelo, con cierto dolor en la espalda y la cintura, porque al aparecerse se había resbalado y se golpeó. Salió de su aturdimiento cuando escuchó la voz de Harry hablarle a Ron. A la castaña no le gusto la voz de Harry, porque había sonado con temor, giró su rostro hacia la derecha y allí los encontró, y se percató que su amigo pelirrojo estaba herido. Ron tenía una enorme mancha de sangre sobre su camisa, así que la chica sin hacer mucho caso a su dolor, se acercó a sus amigos. Apenas estuvo cerca del pelirrojo, rasgo la camisa descubriendo la herida que estaba en carne viva, esto causo en Hermione una gran culpabilidad, y con lágrimas queriendo salirse de sus ojos, tomo su varita y empezó a recitar hechizos para curar a Ron, luego le puso un poco de esencia de díctamo en la herida. Ron había sufrido una despartición.
—Harry podrías armar la carpa, por favor, mientras yo pongo algunos hechizos de protección —pidió Hermione a su amigo.
—¿Carpa? —preguntó Harry, un poco alelado.
—Sí, está dentro de mi bolsa de cuentas —la castaña señaló su bolsa que estaba tirada en el suelo.
Y mientras que Harry sacaba la carpa de la bolsa, Hermione se dedicaba a poner hechizos de protección a todo alrededor del bosque.
Ya que ahora el bosque serie el nuevo hogar del trío de oro.

***

Mientras por otro lado, Yaxley hacia su aparición en Malfoy Manor, este se encontraba muy ansioso, puesto que tenía muy buenas noticias a su señor. Yaxley ya se imaginaba la recompensa que le daría su señor luego de que le dijera de todo lo que había pasado en el Ministerio.
La puerta del despacho de Lucius Malfoy se abrió de golpe. El mortífago giró se cabeza esperando ver a su señor, pero al único que vio en la entrada fue a Snape, vestido completamente de negro y con rostro indescifrable, su presencia imponía respeto y miedo.
—¿Qué haces tú aquí? —preguntó demasiado ansioso Yaxley—, me dijeron que esperada aquí al Lord —dijo de mala manera.
—El Lord no está, fue hacer mejores cosas que atenderte a ti, Yaxley, pero como ya sabes, después de él, yo soy el segundo al mando —respondió Snape, con voz profunda y firme—. Así que habla de una vez, no tengo todo tu tiempo. Vamos, dime todo lo que tengas que decir, que después yo se lo comunicaré al Lord.
Yaxley observó a Snape, y luego rió.
—No te diré nada a ti, no confío. Porque mejor no te vas, que yo esperaré aquí al Lord el tiempo que sea necesario —lo reto.
Snape sonrió con arrogancia.
—Bien sabes que el Lord se enojara si te encuentra aquí, y si la información que le traigas no es importante… —Snape calló un momento dándole entender lo que el Lord le haría—. Yo solo estoy dando la oportunidad de no ser torturado. Te recomiendo que hables, dime todo lo que sepas, y si yo creo que todo lo que me digas es importante, entonces se lo haré saber al Lord.
—Ya te dije que no te diré nada a ti. No soy idiota —gruñó Yaxley.
Snape rió con burla.
—Permíteme dudarlo —dijo Snape.
Yaxley frunció el ceño.
—Será mejor que te vayas si solo has venido a hacerme perder el tiempo —siseó Snape, que ya había perdido su buen humor de hace un momento.
—No te tengo miedo —gruñó Yaxley.
—Pues yo creo que deberías… —y en un rápido movimiento Snape desmayo a Yaxley—, que lento y estúpido eres —se mofó el nuevo director de Hogwarts—. Veamos que de interesante es lo que le ibas a decir al Lord —y aplicando Legeremancia, Snape se enteró de todo lo que había pasado en el Ministerio de Magia, se enteró de lo fuga de varios impuros, del ataque a Umbridge por Mafalda Hopkik, esta le robo el guardapelo y lo suplanto por otro, luego se le acercó Albert Runcorn, pero lo que más le sorprendió a Snape es que llamó «Hermione» a Mafalda, pero luego se dio cuenta que el trío de oro se había infiltrado en el Ministerio con personalidades falsas, gracias a la poción Multijugos. Luego la Mafalda falsa llamó «Harry» a Runcorn, salvaron a Mary Cattermole del juicio a los hijos de muggles. Los tres salieron de la sala, tratando de escapar de los dementores. Cattermole apareció segundos después todo mojado, su esposa corrió, lo abrazó y lo besó, pero luego de eso apareció el verdadero Cattermole, lo que significaba que Weasley era el Cattermole falso, lo último que vio Snape fue a los tres impostores (ya con verdadera apariencia) juntos tratando de escapar, y así lo hicieron. Severus no permitiría que Yaxley le contará todo lo que vio a Voldemort, así que decidió borrarle la memoria y crearle otros nuevos—. ¡Ennervate! —dijo Snape y poco a poco Yaxley fue despertando.
—¿Qué paso? —preguntó tocándose la cabeza, a la vez que le dirigía a Severus una mirada de desconfianza.
Yaxley estaba confuso, y tenía un dolor horrible de cabeza, luego los recuerdos vinieron a él, recordaba la fuga de los sangres sucia, la persecución a unos infiltrados a los cuales su rostro le era muy borroso, y por más que intentaba reconocer los rostros de los infiltrados, no podía.
—Me voy, antes de que venga el Señor Oscuro —dijo Yaxley aún muy confundido.
—Será lo mejor, y no te preocupes, no le diré nada al Señor Oscuro —dijo Snape. Yaxley lo miró sorprendido.
Desde cuando Snape es amable con alguien, pensaba el mortífago, para luego salir de la mansión lo más rápido posible.

***

Dentro de una carpa se encontraba el trío de oro, Ron estaba descansando en una de las literas, Harry estaba sentado sobre una silla, el pelinegro estaba en silencio mirando el suelo, mientras que Hermione preparaba té para todos.
Hermione se acercó a Harry y Ron con una taza de té caliente, eso los hizo sentir un poco reconfortantes, pero aún seguían en silencio.
—¿Lo tienes? —preguntó Harry a su amiga.
La chica lo miró fijamente. Metió la manos en la túnica de Mafalda que todavía llevaba puesta y de allí saco el guardapelo, y se lo extendió a su amigo. Harry se acercó a la castaña y tomo con mucho cuidado el guardapelo.
—Pues que bien que lo tengan, así por lo menos valió la pena de que casi muera —dijo Ron, y a Hermione se le llenaron los ojos de lágrimas al oír eso.
Harry volteó a mirar a su amigo.
—No hubieras muerto, Ron —dijo Harry notando el rostro desencajado de Hermione—, hasta ahora nunca he escuchado que nadie muera por despartición.
Ron ya no dijo nada más, a lo único que se dedico fue a mirar el techo de la carpa.
—Tengo hambre —dijo Ron luego de una media hora—, de casualidad no traes comida, Hermione.
La chica negó con la cabeza.
—Lo siento, Ron, yo nunca pensé que una cosa como esta pasaría, lo debí haber previsto y traer algo de comida, en verdad lo siento —se volvió a disculpar.
—No importa, Hermione —dijo Harry, tomando las manos de su amiga—, de no ser por ti, ahora no nos encontraríamos con vida, porque de seguro que para entonces nos encontraríamos con Vold… —pero Harry no pudo terminar de hablar, porque fue interrumpido por el pelirrojo.
—No digas su nombre.
Harry y Hermione miraron al pelirrojo.
—Ron es solo un nombre —le dijo Hermione con paciencia.
—Ya lo sé, Hermione. Pero solo no lo digan —dijo Ron para luego volver su vista al techo de la carpa.
—Recuerda lo que decía Dumbledore… —empezó Harry, pero nuevamente interrumpido por Ron.
—Y tú recuerda, Harry, donde está ahora Dumbledore, creo que tanto llamarlo por su nombre, no ayudo mucho, es más creo que trae mala suerte.
Ni Harry ni Hermione le dijeron nada a Ron, pero era completamente absurdo temer a pronunciar el nombre de Voldemort.
Unos minutos después Hermione se paró de la silla donde estaba sentada.
—Iré a buscar en el bosque algo de comer —la castaña comenzó a caminar hacia la salida.
—Tú no irás a ninguna parte, Hermione —dijo Harry acercándose a la chica.
—Pero… —trato de replicar Hermione.
—Es peligroso —dijo el pelinegro—. Yo iré a buscar algo de comer, solo asegúrate de estar atenta a cualquier cosa extraña —Hermione no tuvo tiempo de replicar, puesto que al instante Harry salió de la carpa.

***

Harry llego al cabo de una media hora, con muchas setas. Hermione trato de cocinarlos lo mejor posible.
Se pusieron a comer en silencio; para Ron las setas no tenían un bien sabor, pero con el hambre que tenía en ese momento hubiera sido capaz de comerse un hipogrifo completo él solo.
Luego comer, empezaron a hablar, Ron quería que llamaran a Kreacher para que los llevara de regreso a Grimmauld Place, pero Hermione se negó porque no quería poner en peligro al elfo, a lo que Harry estuvo de acuerdo, y Ron no tuvo más remedio que aceptar la decisión de ambos chicos.
Ron tenía el guardapelo en su mano y lo miraba fijamente.
—¿Están seguros que esto todavía sigue siendo un Horrocrux? —preguntó el pelirrojo a sus amigos.
—Sí, supongo, no lo pude abrir por más que lo intente —contestó Harry.
—Y no parece que hay sido alterado, se ve intacto —agregó Hermione.
—Bien, y ¿cómo lo destruimos? —preguntó Ron.
—No tengo la menor idea, Ron. Dumbledore nunca me dijo como destruirlo —contestó el pelinegro.
—Siento… —empezó Ron— como si tuviera vida, está palpitando.
Harry tomó el guardapelo y sintió exactamente lo que había dicho Ron, el guardapelo palpitaba, era extraña esa sensación. Luego se colgó la cadena en el cuello, tenía que tener lo más cerca posible ese Horrocrux, puesto que el pelinegro sentía que esa era su responsabilidad.
—Bien —dijo Harry al cabo de unos minutos—, será mejor que vigile —no dio tiempo de que Hermione se ofrezca como voluntaria, ya que el chico salió de la carpa y se colocó cerca de ella, para empezar con su vigilancia.
Y mientras Harry vigilaba, Hermione se dedicó a limpiar un poco el lugar. La castaña miraba de vez en cuando a Ron, por lo menos ya se encontraba mejor, se hubiera sentido muy culpable si a Ron le hubiera pasado algo grave.
Luego de terminar de limpiar, Hermione también se encontraba acostada en una de las literas. Ya casi se estaba quedando dormida, pero el grito de Harry la sobresalto.
Hermione salió a prisa de la carpa y llego hasta donde estaba el pelinegro, y lo vio parado apuntando con la varita hacia un punto determinado, la castaña fijo bien su vista, pero en el lugar donde Harry apuntaba no había nada.
—¿Harry? —dijo Hermione, pero el chico no la escucho.
De pronto el pelinegro empezó a hablar con una voz que Hermione no reconoció como la voz de su amigo, lo noto molesto y preguntaba por algo, la castaña se quiso acercar a él, pero luego desistió, y espero a que Harry saliera de su trance. Pasados unos minutos Harry se desplomo sobre el césped húmedo por la brisa.
Hermione corrió hacia el pelinegro.
—¡Harry! ¡Harry! ¡Harry! —gritó desesperada Hermione—. Harry, ¿me escuchas? Por favor… abre los ojos…
Poco a poco Harry fue abriendo los ojos, miró confundido a Hermione. Puso una mano en su cabeza, y lentamente quedo sentado.
—¿Estás bien? —le preguntó Hermione.
—Yo… —empezó el chico, no sabía si decir lo que en verdad sucedió o inventarle algo a su amiga para salir del paso.
—No me mientas por favor, Harry, te estuve observando y te llame, pero no me hiciste caso. Dime la verdad, ¿viste a Vold…?
—¡No digas su nombre! —gritó Ron desde la carpa, al parecer con tanto ruido ya se había despertado.
Hermione hizo un gesto de fastidio.
—Está bien. Fue quien-tu-sabes —gritó Hermione para que Ron la escuche.
—Sí, fue él —admitió Harry.
Hermione asintió.
—Bien, será mejor que vayas a descansar, yo me haré cargo ahora —dijo Hermione.
—No, Hermione, yo puedo seguir haciendo guardia.
—No. No puedes terminarla ahora, estás nervioso, así que vete a descansa, anda —le ordeno Hermione, y Harry no se pudo negar, además reconocía que estaba agotado.
Hermione tomo el lugar de Harry. Y mientras este entraba en la carpa, se encontró con Ron sentado en la litera.
—¿Qué sucedió? —le preguntó Ron.
Harry respiró profundo, y se dispuso a contarle todo a Ron.
—Vi a Gregorovitch y a Vold… —Harry se corrigió automáticamente—, a quien-tu-sabes, él le preguntaba sobre una varita y luego me adentre, ¿ya sabes…? Vi sus recuerdos, estaba un chico rubio y hacia un conjuro y luego se llevaba lo que buscaba Tom.
—¿Un chico rubio? Será pariente de Malfoy —tanteó Ron.
—No, Ron. Pero se me hacía muy conocido, me pareció haberlo visto antes en alguna parte, pero no recuerdo dónde.
Ambos chicos se quedaron en silencio, metidos en sus pensamientos.
Harry al ver que Ron se acomodaba en su litera, él también decidió que dormiría un poco, caminó hasta la otra litera, se acostó, pero antes de cerrar los ojos se quitó las gafas y los colocó a un costado de él.

***

Al otro día Harry se levantó muy temprano, salió de la carpa y vio a Hermione sentada a un costado de la carpa.
—Hermione —dijo Harry, poniéndole una mano sobre su hombro, la chica se sobresaltó, puesto que estaba muy concentrada en sus pensamientos.
—Oh, Harry, me asustaste.
—Lo siento —se disculpó el chico—. Ve a dormir un poco, Hermione, se te ve cansada.
La castaña negó con la cabeza.
—Anda a dormir —repitió Harry, esta vez la chica le hizo caso, porque estaba cansada, y antes de entrar a la carpa, le dedicó una sonrisa a su amigo.
Harry siguió con la mirada a Hermione, y hasta que no la vio desaparecer por la carpa, no dejo de mirarla.
Y antes de tomar el puesto de la chica, Harry saco de uno de sus bolsillos el ojo mágico de Alastor Moody, él lo había tomado sin que nadie se dé cuenta. Caminó hasta un árbol e hizo un pequeño hoyo y ahí lo deposito el ojo de Moody. No había dicho nada sobre el ojo mágico de Moody a sus amigos, porque no quería poner más nerviosa de lo que estaba a Hermione.

POV Draco
Ya faltaba dos días para que sea fin de semana y con eso el ataque a Hogsmeade; y hoy día se cumplía el plazo para llevar a Nicole a la casa de Severus. No estaba del todo seguro, pero que otra mejor opción tenía para ponerla a salvo a ella y al bebé. Ninguna, solo confiar nuevamente en Snape y en el viejo chiflado.
Ya estaba decidido en la tarde iría por Nicole. Pero antes de llevarla con el viejo, me aseguraría de que ella quedara unida a mí. Y ya tenía un plan para lograr lo que quería.
Por la tarde fui al Ministerio, me lleve una gran sorpresa al ver todo echo un caos, en la mañana habían entrado tres personas que habían tomado poción Multijugos haciéndose pasar por Mafalda Hopkik, Reginald Cattermole y Albert Runcorn —sonreí al darme cuenta de quienes habían sido los infiltrados, solo unos tontos no se darían cuenta— era obvio que Potter y compañía entro al Ministerio no solo a liberar a los hijos de muggles, ellos había venido buscando otra cosa, estoy seguro de eso, pero aun no sé qué es lo que buscaban, debió haber sido algo muy importante para arriesgarse de esa manera, aunque también pudo haber influido la estúpida valentía de los Gryffindor más el complejo de héroes que tenían esos tres.
Volví a sonreír.
Ojala que el maldito de Potter logre acabar con toda esta mierda, pensé.
Y sin que nadie se diera cuenta de mi presencia, subí al nivel dos. Ya estado allí, camine hasta una pequeña sala, donde se tenía todos los registros de las uniones de las parejas unidas en matrimonio mágico. Apenas entre me encontré cara a cara con el mago que realizaba dicha tarea: unir en matrimonio.
—Señor Malfoy —dijo Matt Gibbs, sorprendido.
Gibbs era un mago como de unos sesenta los, con el cabello completamente cano, con cara de buena gente, en realidad era de los pocos magos que estaba a favor de Potter, pero que habían atentado nada contra él, aun.
—Gibbs —saludé.
—¿Qué hace aquí? —preguntó con desconfianza. No estaba seguro, pero creo que él sospechaba que yo era un mortífago. Claro que no sería raro, mi padre era uno.
Sonreí, a veces causar miedo en las personas resultaba divertido.
—Requiero de sus servicios, ahora.
—¿Cómo dice? —preguntó.
—Lo que oyó —respondí—, y no me haga repetir, porque eso es una de las cosas que más detesto.
El mago asintió lentamente.
—¿Y dónde está su futura esposa? —preguntó a la vez que miraba impaciente hacia la puerta, seguramente pensando que mi futura esposa estaba por entrar.
—Ella no está aquí, pero iremos hasta el lugar donde la tengo y allí podrá oficiar la boda. No se olvide de coger su libro de registro —empecé a caminar hacia la puerta. Pero Gibbs no me seguía.
Lo sabía seria de la forma difícil.
—Quería que esto sea de manera civilizada, pero no me deja otra opción.
—¿A qué se refiere, señor Malfoy?
No le respondí, en vez de eso saque mi varita y lo apunte, Gibbs también saco su varita, pero yo fui más rápido que él, no por nada había recibido muchos entrenamientos como mortífago.
—Desmaius —lancé el hechizo y el hombre cayó al suelo.
Tuve que buscar el libro de registros y cuando lo encontré dentro de un cajón del escritorio tome del brazo a Gibbs y me aparecí en la casa donde tenía escondida a Nicole.
—Ama —dijo Pinky haciendo una reverencia cuando me vio aparecer, pero se alejó unos pasos de mí cuando vio el cuerpo de Gibbs.
—¿Y Nicole? —pregunté.
—La ama está en su habitación, pero últimamente ha estado más nerviosa de lo que está siempre.
—¿Te pidió que la dejaras escapar nuevamente?
El elfo miró al suelo.
—¡Responde! —le exigí.
—Sí, pero Pinky lo obedeció a usted, amo Malfoy, y se negó a cumplir con la orden de la ama.
—Bien por ti, porque si la dejabas escapar, en estos momentos ya estarías muerto —el elfo se estremeció—. Subiré a verla, mientras tanto cuida de Gibbs.
Pinky asintió.
—Pinky —el elfo me prestó atención—, llevaré a Nicole a vivir a la casa de mi padrino, así que quiero que todo esté en orden, como si nadie hubiera habitado esta casa.
—Sí, amo.
Subí despacio las escaleras, y cuando llegue a la puerta de la habitación de Nicole, antes respiré profundo, esto también sería muy difícil.
Saque mi varita y con un Alohomora abrí la puerta. Apenas entre pude verla parada cerca de la ventana, ella se volvió al sentir mi presencia, y se sorprendió al verme.
—¿Malfoy? —susurró consternada.
—Me da gusto que todavía me recuerdes, aunque claro es muy difícil olvidarme.
Caminó hacia mí y empezó a golpearme en el pecho, yo no la detenía, simplemente la dejaba que se desahogara.
—¡Eres un estúpido! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Sácame de aquí ahora mismo! —me exigió llorando y todavía golpeándome.
La tome de los brazos.
—Suficiente —le dije, ella levantó el rostro bañado en lágrimas y me miró con ira—, deja de mirarme así, que te cumpliré tu deseo —ella se quedó quieta—. Solo que antes, tú tendrás que cumplir con algunas de mis exigencias.
—¿Exigencias? Estás loco, yo no pienso cumplir ninguna de tus estúpidas exigencias. Y ya suéltame, me lastimas —la solté—. ¡Devuélveme mi varita! —gritó.
—No la tengo. Creo que se me rompió…
—¡Idiota! —gritó y volvió a querer golpéame, pero en su intento casi resbala y cae, afortunadamente fui rápido y la sostuve antes de que cayera.
—Ten más cuidado, ¿quieres? Podrías haberte lastimado tú o el niño.
Me miró sorprendida.
—¿Desde cuándo te importa mi hijo? Si tú mismo querías que me deshaga de él, así que no me vengas con estupideces.
—No pienso darte explicaciones ahora.
—¡Sácame de aquí! ¡Sácame de aquí! —gritó.
—Lo haré, pero si sigues así de histérica harás que tarde más en hacerlo.
Suspiró. Eso pareció calmarla un poco.
—¿Me llevaras con los Weasley? —preguntó esperanzada.
—No. Pero te llevaré a otro lugar donde estarás más segura.
Me observó directamente a los ojos.
—¿Por qué haces esto? ¿Tanto me odias?
—Al contrario, lo hago para ponerte a salvo de toda esta mierda.
—¿Entonces por qué me secuestraste? —me preguntó sollozando.
—No lo entenderías ahora, pero luego lo harás.
Levanté mi mano para acariciarle la cara.
—No me toques —dijo ella, apartando mi mano de un manotazo.
Sonreí, seguía siendo tan arisca como siempre. Ya me encargaría de domarla.
—¿Sabes algo de mi hermano, ron y Hermione? —preguntó luego de unos minutos de estar en silencio.
—Tal vez sepa algo —medite.
—Dime que sabes —demandó, poniendo sus manos en mis hombros. Yo la miré a ella y luego a sus manos sobre mis hombros, retiro sus manos de inmediato.
Sonreí.
—Pues creo que hoy día entraron al Ministerio…
—¿Al Ministerio? —preguntó alarmada—, pero eso es muy peligroso, ¿cómo pudieron?
—Tomaron poción Multijugos, y se hicieron pasar por Runcorn, Hopkik y Cattermole. Liberaron a algunos hijos de muggles, pero yo estoy seguro de que no solo fueron por eso al Ministerio…
—Los Horrocruxes —exclamó.
—¿Horrocruxes? —pregunté, ahora que me acuerdo en una oportunidad escuche a Potter y compañía hablando de esos tales Horrocruxes, pero no pude escuchar más porque se dieron cuenta.
—No te diré nada, no confío en ti.
En realidad ese tema de los Horrocruxes me importaba una mierda en este momento.
—Lo dejaré pasar por ahora, porque tengo asuntos más importantes de los que encargarme.
—¿A qué has venido? ¿Por qué justo ahora te presentas ante mí?
—Te responderé, pero antes; Pinky.
El elfo apareció al instante.
—Amo —el elfo volvió hacer otra reverencia ante mí.
—Trae a Gibbs —le ordene.
A los pocos segundos Pinky apareció con Gibbs.
—¡Oh, Merlín! ¿Qué hiciste, Malfoy? —preguntó Nicole, mirando al hombre en el suelo.
—Vete, Pinky —el elfo desapareció—. No lo mate, solo lo desmaye —le aclaré.
—¿Por qué? ¿Para qué quieres a este hombre aquí?
—Él es Gibbs, trabaja en el Ministerio, es el encargado de unir a las parejas en matrimonio.
Nicole me miró confundida, pero luego pareció entender el porqué de Gibbs desmayado, y retrocedió tres pasos.
—¡NO! ¡NO ME CASARÉ CONTIGO! ¿ACASO TE HAS VUELTO LOCO? —gritó.
—Pues a eso he venido, a casarme contigo antes de llevarte al otro lugar…
—No, me niego… —paso nerviosamente una mano por su rojo cabello—, además soy menor de edad, no puedo casarme aun.
—Basta con que yo si sea mayor de edad para que este matrimonio se lleve a cabo… —me interrumpió.
—No, para yo casarme primero Harry tendría que firmar una autorización donde me da su permiso para poder contraer matrimonio.
Sonreí. Que suerte que pude falsificar la firma de cara rajada, en momentos como estos me gustaría poder abrazarme a mí mismo por mi inteligencia.
Saque un pergamino —donde supuestamente San Potter firmaba la autorización para que yo me pueda casar con su hermana— y se lo entregue a Nicole.
Ella lo tomo, y comprobó horrorizada que la firma que estaba en el pergamino era igual a la de su hermano.
—Harry no pudo firmar esto.
—Claro que no lo hizo, yo falsifique su firma, ¿no crees que es muy inteligente de mi parte? —ironicé—. No creo que lo logres —le advertí al ver sus intenciones de romper el pergamino—, lo hechice para que no pueda ser destruido.
—Eres un reverendo estúpido —volvió a llorar.
—Pero este reverendo estúpido te pondrá a salvo —ya me estaba haciendo enojar. Recuperé el pergamino con un Accio.
—Prefiero morirme antes que tener que casarme contigo —exclamó.
Y aunque no quería tomar muy en cuenta sus palabras, debo reconocer que lo que dijo me dolió, sobre todo a mi ego.
Me acerqué a ella y la tome por los hombros.
—Pues que lastima, pero estarás toda tu vida casada conmigo.
—¡No!
—Ah, se me olvido decirte que hay una ley que dice que toda mujer embarazada y que no esté casada, tiene que contraer matrimonio con el padre de su hijo para asegurar el bienestar del menor.
Nicole se puso pálida.
—¡No! —repitió.
Ya no tenía más tiempo para seguir dando explicaciones. Ahora lo que tenía que hacer es despertar a Gibbs para que nos case, luego llevaría a Nicole con el viejo de Dumbledore y regresaría a casa sin llamar la atención de mi padre y mucho menos del Señor Tenebroso.
—Te lo diré por última vez, tú y yo nos casaremos, y no me importa si quieres o no —intentó replicar, pero no le di oportunidad—. Pero si quieres estar a salvo tú y el niño lo harás, no hay de otra, ¿comprendes? A menos que quieras que uno de los otros mortífagos del Señor Tenebroso te lleve ante él, puesto que ha dado la orden de que te encuentren para poder atraer a su a tu queridísimo hermano.
Se limpió con fuerza una lágrima que resbalo por su mejilla.
—Bien, lo haré, me casaré contigo, así sea el peor error que este cometiendo en mi vida, pero por poner a salvo a mi bebé y Harry, lo haré.
Asentí.
—¡Ennervate! —apenas pronuncié el hechizo, Gibbs despertó.
Poco a poco se incorporó y miró toda la estancia con confusión.
—¿Dónde estoy? —preguntó.
—Eso no tiene importancia —respondí—, lo único que tiene que hacer es casarme con Nicole.
Gibbs miró sorprendido a mi futura esposa.
—¿Usted es la hermana del señor Potter? —preguntó Gibbs y Nicole asintió.
—No hay tiempo para preguntas —advertí—. Tiene que casarnos de una vez por todas.
—Según se, la chica es menor de edad, tendría que tener un permiso para poder contraer matrim… —le extendí el permiso con la firma falsa de Potty. Gibbs lo revisó y no se dio cuenta de que era una firma falsificada—. Bien, entonces… creo que haré lo que me pide, señor Malfoy —dijo aun mirando todo el lugar.
—Aquí tiene su libro de registro —saque el libro de la túnica. Gibbs tomo el libro y lentamente se dirigió hacia la pequeña mesa y coloco allí el libro.
—Eh, bien, señor Malfoy, señorita Potter, acérquense, por favor —pidió.
Me acerque al anciano mago, pero Nicole no se movió de su lugar, y Gibbs nos miró más confundido aun.
Maldita sea.
—Nikki, cariño acércate —la llamé, y ella frunció el ceño, pero de igual manera se acercó—. Ah, y podría ir a la parte importante, no es necesario que lea todo el protocolo.
Gibbs asintió.
—Lo primero que tienen que hacer es unir sus manos, por favor —pidió Gibbs.
Tome la mano de Nicole, puesto que ella no hizo ningún movimiento.
—Bien, señor Malfoy… ¿acepta como esposa a Nicole Lily Potter, para amarla y respetarla, en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en pobreza todos los días de su vida?
—Sí, quiero.
—Señorita Potter, ¿acepta como esposo a Draco Lucius Malfoy, para amarlo y respetarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza todos los días de su vida?
Nicole no respondió. Pasaron unos minutos y Gibbs tuvo que repetirle la pregunta.
¿Qué acaso no entiende que es necesario casarse conmigo para ponerse a salvo?
—Sí, quiero —respondió no muy segura.
Con mi mano libre saque de dentro de mi túnica una cajita aterciopelada con las alianzas que mi madre me había dado en una ocasión —las cuales pertenecían a los Malfoy— para cuando decida contraer matrimonio.
Tome la primera alianza de plata y la deslicé en el dedo anular de Nicole, luego ella hizo lo mismo conmigo.
Nos volvimos a tomar de las manos.
Luego de la respuesta de Nicole, Gibbs tomo su varita y apuntó a nuestras manos unidas, recitó las palabras mágicas vinculares —mientras decía el hechizo salía una luz resplandeciente de nuestras manos entrelazadas— sellando así la unión.
—Con este hechizo los uno en una vida prospera, llena de amor, comprensión, respeto y dicha. Ahora son oficialmente marido y mujer. Felicidades señor y señora Malfoy —concluyó Gibbs.
Sentí a Nicole tensarse cuando Gibbs termino con la ceremonia.
Pero yo no espere más y tomé a Nicole de la cintura y uní mis labios con los de ella, sabiendo que le molestaba que la besara, profundice más el beso. Cuando me separe de ella, la vi con las mejillas sonrojadas y tenía levemente el ceño fruncido.
Con otro movimiento de varita quedo registrado nuestra unión en el libro de registros de Gibbs.
—Bien, si eso es todo, entonces debo regresar al Ministerio —dijo Gibbs.
Me volví para observarlo.
—Claro que lo hará, pero antes debo asegurarme de que no le dirá a nadie sobre mi unión con la hermana de Potter.
—Le juro que no diré nada —dijo el hombre.
—No estoy muy seguro, puede que esa sea su intención, pero si el Señor Tenebroso lo obliga, estoy seguro que lo hará, y yo no puedo arriesgarme de esa manera.
—Malfoy, ¿qué piensas hacer? —dijo Nicole, pero yo la ignoré.
—No lo haré. Lo juro —dijo Gibbs, con temor.
—Lo siento —dije apuntándolo con mi varita. Gibbs también me apunto con su varita—. ¡Expelliarmus! —la varita de Gibbs voló a mis manos.
Nicole soltó un grito de horror y retrocedió, pensando que lo mataría cuando lo volví apuntar con mi varita.
—No lo mataré —aclaré a ambos, vi que Gibbs suspiró aliviado—, solo le borrare los últimos recuerdos de su estancia en esta habitación. Obliviate —y todos sus recuerdos los reemplace por otros—. Desmaius —volví a desmayarlo.
—Insisto, tú estás loco —dijo Nicole, mi ahora esposa.
—Pinky —llamé al elfo y este apareció al instante—, llévatelo de regreso al Ministerio —le ordene, y antes de que el elfo se lo llevara puse la varita de Gibbs dentro de su túnica. Y el libro de registros me lo quede yo, eso lo guardaría en un lugar seguro, aun nadie debía enterarse de mi matrimonio con la hermana de cara rajada.
—¿Adónde me llevarás? —preguntó Nicole, cuando nos quedamos solos nuevamente.
—Tranquila, todo a su tiempo, cariño —me acerqué a ella. Trato de retroceder, pero no le di tiempo, la abrace, pegándola a mí, con mucho cuidado de no lastimar su vientre abultado.
—Déjame —gruñó.
—No voy a dejarte, recuerdas que ahora eres mi esposa, me perteneces.
—¡No te pertenezco!
—No voy a discutir contigo sobre eso ahora, teniendo cosas más importantes que hacer.
La sentí temblar en mis brazos.
—¿Qué? —susurró—. No me digas que estas esperando tu noche de bodas —se sonrojó.
Reí con ganas.
—Ya te lo dije, todo a su tiempo, y para mi noche de bodas puedo esperar, así que prepárate —ella empezó a forcejear para que la soltara, pero lo único que consiguió fue que yo la pegara más a mí—. Y recuérdalo siempre, mi amor, tú me perteneces —la besé, y aunque la sentí resistiéndose al principio, luego me correspondió—. Ya lo vez, tú siempre harás lo que yo quiera.
—Estúpido oxigenado.
Le iba a responder, pero escuché un plop, giré y vi a Pinky.
Me separé de Nicole y me acerque al elfo, que bajo la mirada con temor.
—Amo, deje al hombre en el Ministerio como me ordeno.
—Muy bien, Pinky, ahora recoge todas las cosas de la señora porque nos iremos a otro sitio más seguro.
—¿Pinky acompañara a la ama a ese lugar? —preguntó el elfo.
—Por supuesto, quiero que cuides de ella.
El elfo asintió. Y cuando todas las cosas de Nicole ya estuvieron guardadas, la tome de la cintura.
—Pinky síguenos al lugar donde te indique —el elfo asintió y luego desapareció.
—En ese lugar estarás más segura —le dije a mi esposa antes de desaparecer.
A los segundos aparecimos en la casa de mi padrino. Vi a Pinky en una esquina con las pertenencias de mi esposa.
Nicole estaba pálida por la aparición.
—¿Qué lugar es este? —preguntó Nicole, mirando por su alrededor.
—Eso no tiene importancia.
—Señor Malfoy —escuché una voz a mis espaldas, giré y me encontré con el viejo chiflado de Dumbledore.
Nicole sonrió al ver al viejo.
—Profesor Dumbledore —se soltó de mí para ir con el viejo.
—Señorita Potter me alegra volver a verla.
—Es la señora Malfoy ahora —le aclaré. Dumbledore me miró curioso—, nos acabamos de casar.
—Eso es inesperado, pero de igual manera me alegro de volverla a ver —el viejo sonrió a Nicole.
—Bien, yo tengo que regresar a Malfoy Manor, pero seguiré viniendo a ver a mi esposa —recalqué la última palabra.
—Su esposa estará segura aquí, señor Malfoy —dijo Dumbledore.
Asentí.
—Eso espero, porque si no, entonces le diré al Señor Tenebroso que está vivo —lo amenacé—. Pinky estate al pendiente de Nicole.
—Pinky promete cuidar de su esposa, amo —dijo Pinky.
Miré a Nicole y luego desaparecí.
Cuando aparecí en la mansión, no había nadie en la sala, aproveché para ocultar mi aro de casado.
—Draco, ¿dónde estabas? —dijo una voz detrás de mí.